No recuerdo exactamente en qué año empezaron a emitirse, pero sí recuerdo perfectamente los primeros anuncios de 1&1 en los que se promocionaba la posibilidad de crear tu propia página web de una forma rápida y sencilla. Yo ya llevaba algunos años dedicándome profesionalmente al desarrollo web y reconozco que cada vez que veía uno se me llevaban los demonios.
La reacción que me provocaba era bastante visceral. Después de aprender diseño, maquetación, programación, trabajar en proyectos reales y conocer todo lo que había detrás de una página web, de repente, un anuncio viene a contarte que aquello que constituía mi profesión podía resolverse prácticamente apretando cuatro botones.
Mirándolo con perspectiva, estaba mezclando dos cuestiones diferentes. Una cosa era lo que aquella herramienta podía hacer y otra lo que yo sentía que el anuncio estaba diciendo sobre mi trabajo. Y, desde luego, era fácil prestarle mucha más atención a lo segundo porque la propia publicidad se encargaba de enfatizarlo.
Desde entonces ha pasado alguna que otra primavera. 1&1 ahora se llama IONOS, aquellas herramientas han evolucionado muchísimo y yo también he tenido tiempo más que suficiente para darle unas cuantas vueltas al asunto.
La conclusión a la que he llegado no es que estuviera completamente equivocado. Pero tampoco pienso hoy lo mismo que pensaba cuando veía aquellos anuncios. Curiosamente ha sido otro anuncio de IONOS el que me ha hecho volver sobre el tema.
Así que, con estos mimbres, he pensado que podría ser buena idea hacer un artículo reflexivo sobre el tema, desde mi punto de vista como profesional del sector.
Estas herramientas tienen su lugar
Los años, además de darte más experiencia, también sirven para revisar algunas certezas que en su momento parecían bastante claras. En mi caso, acabé viendo que estaba juzgando este tipo de servicios desde un lugar que no era el adecuado.
Hay personas que necesitan una presencia mínima en Internet, tienen un presupuesto muy reducido o, sencillamente, prefieren encargarse ellas mismas. Si una herramienta les permite partir de una plantilla, añadir sus contenidos, elegir entre unas cuantas opciones y publicar una web sin saber HTML, CSS o JavaScript, no me parece que sea un problema.
Es más, conseguir que alguien sin conocimientos técnicos pueda hacer todo eso de una forma sencilla tiene bastante mérito. Buena parte de la complejidad sigue existiendo, pero la herramienta consigue que el usuario no tenga que enfrentarse a ella.
Y tampoco creo que todo el mundo que necesita una web tenga que recurrir necesariamente a un profesional. De la misma forma que no contrato a un ilustrador cada vez que necesito preparar recursos gráficos ni llamo a un fotógrafo cada vez que necesito una foto, habrá situaciones en las que hacerse uno mismo una web sea suficiente. Incluso puede ser la opción más razonable. De hecho, aunque han sido casos muy contados, he sido yo mismo quien le ha recomendado a alguien que le dé un vistazo a herramientas de este tipo.
No deja de ser otra forma de aplicar el mismo criterio del que hablaré más adelante, que es que la solución adecuada no tiene por qué ser siempre la más completa ni, desde luego, la que más me interese vender a mí. Eso significa también aceptar que estos servicios tienen un público que, en buena medida, no es el mío. Y no pasa nada.
Desde mi perspectiva actual, lo que ha cambiado no es que esos anuncios hayan dejado de molestarme porque, de hecho, algunos siguen haciéndolo. Lo que ha cambiado es que ahora tengo bastante más claro qué parte del mensaje me molesta.
Que una herramienta permita crear una página web fácilmente y en muy poco tiempo no me plantea ningún problema. Si realmente puede hacerlo, está cumpliendo su promesa. Lo que sí me parece discutible es dar un salto de fe y afirmar que el resultado que vas a obtener será una página web profesional.
Una página web profesional en segundos
Y así llegamos al anuncio que me hizo recuperar una reflexión que llevaba años rondándome la cabeza. En él, IONOS vuelve a promocionar su herramienta (MyWebsite) para crear páginas web y utiliza una afirmación bastante contundente: «página web profesional en segundos gracias a la IA».
Los segundos no son lo que me chirría, porque antes eran minutos y ahora que han incorporado IA, los tiempos se aceleran. Tampoco que puedas crearla sin saber programar o sin haber hecho una web antes. Si han conseguido desarrollar una herramienta capaz de automatizar buena parte del proceso y permitir que alguien publique una página en ese tiempo, estupendo. La tecnología sirve, entre otras cosas, para ahorrarnos trabajo. Pero es la palabra profesional la que cambia la naturaleza de la promesa.
La rapidez es una característica que la herramienta puede ofrecer. También puede ofrecer plantillas, facilitar la adaptación a distintos dispositivos, ocuparse de cuestiones técnicas o guiar al usuario durante la creación. Todo eso depende, en mayor o menor medida, del propio producto.
Pero afirmar que el resultado será profesional es otra cosa. Ahí ya no estamos hablando de lo que puede hacer la herramienta, sino de una cualidad de la web que obtendremos después de utilizarla.
Y no estoy diciendo que con la herramienta no se pueda hacer una página web profesional. Alguien con los conocimientos y el criterio adecuados podría utilizarla y obtener un resultado perfectamente profesional, igual que puede conseguirlo utilizando muchas otras herramientas.
Lo que pongo en duda es que esa cualidad venga incluida en el proceso, como si de un aderezo se tratase. Que por seguir unos pasos, escoger unas opciones y pulsar finalmente el botón de publicar podamos dar por hecho que hemos obtenido una web profesional.
Pero echemos el freno de mano, porque para saber si esa promesa se sostiene, antes tendremos que aclarar algo que parece bastante obvio hasta que intentamos definirlo: qué hace que una página web sea profesional.
¿Qué hace que una página web sea profesional?
Puede que mi yo del pasado hubiera dado otra respuesta más enfocada a lo visual y funcional, pero actualmente mi definición es bastante sencilla: una web profesional es una web realizada con criterios profesionales adaptados a satisfacer las necesidades del cliente.
Puede parecer que estoy haciendo trampas al utilizar la palabra profesional dentro de la propia definición, pero para mí la clave está precisamente en los criterios. No en quién ha hecho la web, ni en cuánto ha costado, ni en la herramienta utilizada y, desde luego, tampoco únicamente en su aspecto.
Cuando trabajo en un proyecto no parto de la pregunta «¿qué web puedo hacer?», sino de «¿qué web necesita este cliente?». Y para responderla hay que tomar decisiones.
Algunas serán de diseño, otras tendrán que ver con la estructura de la información, los contenidos, la experiencia de usuario, la accesibilidad, el rendimiento o cuestiones puramente técnicas. No todos los proyectos necesitan lo mismo ni todas estas áreas tendrán siempre la misma importancia. Precisamente ahí entra el criterio, que consiste en saber qué decisiones son relevantes en cada caso y tomarlas con una finalidad.
Eso implica también que una web profesional no tiene por qué ser especialmente compleja. Puede tener cuatro páginas y una funcionalidad mínima. Si eso es lo que necesita el proyecto, añadir más cosas no la haría más profesional. Probablemente ocurriría justo lo contrario.
También puede estar hecha a partir de una plantilla. Puede utilizar WordPress, PrestaShop, un desarrollo a medida o un constructor visual. Ninguna de esas decisiones convierte por sí misma el resultado en profesional o deja de hacerlo. Son herramientas y soluciones que habrá que valorar según el proyecto.
Por el mismo motivo, una web puede tener un acabado gráfico impecable y no estar bien resuelta. Si no responde a las necesidades para las que fue creada, que parezca profesional no significa necesariamente que lo sea.
Y esta distinción es importante cuando volvemos a una herramienta que promete una página web profesional en segundos. Una herramienta puede resolver muchas partes del proceso, incluso algunas que hace años requerían bastante trabajo. Lo que resulta más difícil es que pueda garantizar de antemano que todas las decisiones que se tomen durante ese proceso serán las adecuadas para las necesidades concretas de quien la está utilizando.
La herramienta no convierte el resultado en profesional
Podríamos discutir si este tipo de constructores son herramientas profesionales, pero creo que nos llevaría a un debate que aporta bastante poco. Una herramienta no transmite sus cualidades a aquello que hacemos con ella.
Una cámara profesional no convierte automáticamente en fotógrafo a quien la utiliza, igual que tener Photoshop no hace que cada diseño que salga de nuestro ordenador sea un trabajo profesional. Esto también funciona al revés y alguien que sabe lo que hace puede conseguir un resultado excelente con herramientas mucho más modestas.
En una web ocurre exactamente lo mismo. IONOS puede proporcionar una buena base, resolver automáticamente determinadas cuestiones técnicas y poner a disposición del usuario diseños preparados previamente. Todo eso puede contribuir al resultado, pero entre las posibilidades que ofrece una herramienta y las decisiones que toma quien la utiliza sigue existiendo una diferencia importante.
De hecho, aquí aparece una pequeña contradicción en la propia promesa. Uno de los principales atractivos de estos servicios es precisamente que no necesitas ser diseñador, desarrollador ni tener conocimientos previos para utilizarlos. La herramienta intenta encargarse de todo aquello que pueda para que puedas crear tu web sin esos conocimientos, lo que me parece una virtud y no un defecto.
Pero si la herramienta está diseñada principalmente para que quien no posee conocimientos profesionales pueda prescindir de ellos durante buena parte del proceso, resulta extraño utilizar precisamente profesional como una característica inherente al resultado.
Puede ayudarte a tomar decisiones, limitar las posibilidades para evitar determinados errores e incluso resolver automáticamente muchas cuestiones que de otro modo requerirían conocimientos técnicos. Lo que no puede hacer es convertir cada decisión que tome el usuario en una decisión profesional por el mero hecho de haberla tomado dentro de la herramienta.
Eso tampoco significa que alguien sin experiencia profesional no pueda conseguir una web profesional con ella. Puede tener buen criterio, conocer extraordinariamente bien su negocio, acertar con las decisiones importantes o contar con conocimientos adquiridos por otras vías. El resultado habrá que juzgarlo por lo que es, no por el currículum de quien lo ha hecho.
Pero entonces volvemos exactamente al mismo punto: si el resultado puede ser profesional o no dependiendo de las decisiones que se tomen durante el proceso, profesional no es una característica que la herramienta pueda entregar junto con la plantilla, el alojamiento o el botón de publicar.
La facilidad tiene un precio
Para que una persona sin conocimientos pueda crear una web en unos minutos hay que hacer algo con toda la complejidad que normalmente existe detrás. Y la solución más razonable es quitársela de delante.
Hay que automatizar procesos, tomar algunas decisiones por el usuario, reducir otras a unas cuantas opciones y establecer límites sobre lo que se puede hacer. De lo contrario, en algún momento dejaríamos de tener una herramienta sencilla para encontrarnos delante de HTML, CSS, JavaScript, configuraciones de servidor y un montón de decisiones que precisamente queríamos evitar.
Esos límites no son necesariamente un defecto sino que, en realidad, son una parte importante del valor que ofrece el producto. Si no sabes maquetar una web, probablemente agradezcas que el sistema te impida romper determinadas cosas. Si no quieres ocuparte de cuestiones técnicas, es bastante cómodo que alguien las haya resuelto de antemano. Y si solo necesitas escoger entre varias soluciones que encajan con lo que buscas, disponer de cien posibilidades adicionales no te aporta demasiado.
Sin embargo, esa relación cambia cuando quien utiliza la herramienta sí sabe lo que quiere hacer y cómo hacerlo. Un profesional no necesita libertad porque disfrute complicándose la vida ni porque hacer las cosas de una manera más difícil otorgue algún mérito especial al resultado. La necesita porque el criterio del que hablábamos antes sirve de poco si después la herramienta no permite llevar una decisión a la práctica.
Puede ocurrir con algo aparentemente pequeño o con una necesidad importante del proyecto. Quizá quieras modificar un comportamiento concreto, controlar con mayor precisión la maquetación, integrar un servicio que la plataforma no contempla o intervenir en algún aspecto técnico al que simplemente no tienes acceso. Cuanto más específica sea la necesidad, más posibilidades hay de encontrarse con el límite de una herramienta diseñada precisamente para trabajar dentro de unos márgenes.
Eso no significa que un profesional no pueda utilizarla ni que no pueda conseguir un buen resultado con ella. La cuestión es por qué elegiría voluntariamente esas restricciones cuando dispone de otras herramientas que le permiten conservar mayor capacidad de decisión.
Para el usuario al que va dirigido el servicio, que muchas decisiones estén tomadas de antemano puede ser justo lo que hace posible crear la web. Para un profesional, esas mismas decisiones pueden convertirse en obstáculos.
La facilidad y la flexibilidad no son necesariamente incompatibles, pero cuando una herramienta consigue ser extremadamente sencilla ocultando y acotando buena parte de la complejidad, algún intercambio se está produciendo. Conviene saber cuál es antes de confundir facilidad para crear con libertad para decidir.
La facilidad también implica dependencia
Hay otra consecuencia de utilizar este tipo de servicios que no tiene tanto que ver con lo que puedes hacer con la herramienta como con lo que ocurre con la web una vez creada.
En el caso de MyWebsite, IONOS lo explica con bastante claridad en su propia documentación: los proyectos creados con sus editores no pueden utilizarse fuera de su infraestructura. Es posible exportar contenidos o guardar las páginas publicadas, pero no llevarse el proyecto tal cual a otro alojamiento y continuar trabajando allí.
Esto marca una diferencia importante respecto a otras soluciones. Una instalación de WordPress, por ejemplo, puede cambiar de proveedor conservando sus archivos y su base de datos. Puede dar más o menos trabajo y pueden surgir complicaciones durante la migración, pero la web no depende de que siga alojada en la misma empresa.
Con su creador de páginas web la relación es diferente. IONOS no solo proporciona el alojamiento, sino también la plataforma que hace posible crear, editar y mantener esa web. De hecho, su documentación indica que el usuario no tiene acceso a la base de datos donde se almacenan la información y la estructura del proyecto.
Y esto no es para mí una posibilidad puramente teórica. A lo largo de los años me han llegado clientes que habían creado inicialmente su web con este tipo de herramientas y que, pasado un tiempo, necesitaban algo más. La solución que en su momento les había servido había acabado quedándose pequeña o no permitía hacer aquello que ahora necesitaban.
Es entonces cuando descubren que cambiar de solución no consiste simplemente en migrar la web. Se pueden trasladar los contenidos que sea posible recuperar, pero el proyecto no puede llevarse tal cual a otra plataforma para continuar desde ahí. En la práctica, hay que hacer una nueva web y trasladar a ella esos contenidos.
Eso no significa necesariamente que la decisión inicial fuera equivocada. Si durante un tiempo aquella herramienta resolvió las necesidades del negocio, cumplió perfectamente su función. Sin embargo, yo plantearía otra cuestión y es hasta qué punto la persona que tomó aquella decisión sabía que estaba aceptando también esa limitación.
Porque precisamente estamos hablando de servicios dirigidos, en buena medida, a personas sin conocimientos técnicos. Para alguien que trabaja en desarrollo web puede resultar evidente preguntarse si tendrá acceso a los archivos, a la base de datos o si podrá migrar el proyecto a otro proveedor. Para buena parte del público al que se dirige esta publicidad, esas preguntas ni siquiera existen. Muchas personas no tienen por qué saber qué diferencia hay entre el dominio, el alojamiento, la plataforma con la que está hecha la web o los propios contenidos.
A cambio, tampoco tienen que ocuparse de buena parte de todo eso. Una vez más, lo que desde un punto de vista puede parecer una limitación es precisamente una de las razones por las que el servicio resulta sencillo. No necesitan saber qué base de datos utiliza, cómo está configurado el servidor o qué archivos hacen funcionar la web porque IONOS se ocupa de ello.
El intercambio está bastante claro, ya que ganas comodidad a cambio de dependencia de la plataforma. Y puede ser un intercambio perfectamente razonable. Si la herramienta satisface tus necesidades y estás conforme con el servicio y su coste, quizá la posibilidad de trasladar algún día la web a otro proveedor te importe muy poco. No todas las decisiones necesitan tomarse pensando en escenarios que probablemente nunca se produzcan.
Pero volvemos al criterio profesional. Antes de elegir una solución para un proyecto conviene saber no solo si resuelve lo que necesitamos hoy, sino también qué posibilidades nos deja para mañana. Poder cambiar de proveedor, acceder a determinadas partes del sistema, ampliar una funcionalidad o migrar el proyecto pueden ser irrelevantes en un caso y decisivos en otro.
Por eso tampoco considero que esta dependencia convierta MyWebsite en una mala solución. Lo que hace es añadir otra condición que debe valorarse antes de decidir si es la solución adecuada. Y para poder valorarla, primero hay que saber que existe.
La honestidad tiene que funcionar en las dos direcciones
Si escribiera este artículo exagerando las limitaciones de IONOS, dando a entender que una web hecha con este tipo de herramientas nunca puede ser profesional o presentando la contratación de un profesional como la única opción válida, estaría siendo deshonesto.
Podría hacerlo, a fin de cuentas, me dedico profesionalmente al desarrollo web y tendría un interés bastante evidente en presentar cualquier alternativa como una opción peor. Pero no es lo que pienso.
Creo que estas herramientas tienen sentido, que resuelven una necesidad real y que pueden ser una solución perfectamente adecuada para muchas personas. También creo que alguien puede utilizarlas y obtener una web profesional. Nada de lo que he contado hasta aquí pretende demostrar lo contrario. Pero precisamente por eso espero la misma honestidad al otro lado.
Y aquí creo que importa especialmente a quién se dirige el mensaje. Si uno de los grandes argumentos de venta consiste en que cualquier persona puede crear su web sin conocimientos técnicos, no parece razonable confiar al mismo tiempo en que esa persona entenderá por sí sola todas las implicaciones técnicas de la solución que está contratando.
No hablo de llenar un anuncio de advertencias ni de explicar qué es una base de datos antes de dejar que alguien contrate el servicio. Pero hay una cierta asimetría difícil de ignorar. La empresa conoce perfectamente las posibilidades y las limitaciones de su plataforma, mientras que buena parte de su público llega precisamente porque no tiene por qué conocerlas.
Decir que una herramienta permite crear una página web en segundos es hablar de las capacidades de la herramienta. Decir que permite crear una página web sin conocimientos técnicos también. Incluso podemos hablar de diseños cuidados, facilidad de uso o de todas las tareas que el servicio consigue quitar de en medio.
Pero afirmar que el resultado será una «página web profesional en segundos» da un paso más. Convierte en una característica del producto algo que depende también del criterio con el que se utilice, de las decisiones que se tomen y de las necesidades que tenga que resolver esa web.
Entiendo que estamos hablando de publicidad. Su trabajo consiste en presentar un producto de la manera más atractiva posible y no espero que un anuncio de unos segundos incluya un tratado sobre diseño y desarrollo web ni una relación de todos los matices posibles. Pero creo que hay una diferencia entre ensalzar las virtudes de un producto y atribuirle una cualidad que no puede garantizar por sí solo, sencillamente porque no está dentro del «pack».
Y cuando el producto se dirige precisamente a un público que no tiene los conocimientos necesarios para valorar por sí mismo muchas de sus limitaciones, creo que esa diferencia importa todavía más. La facilidad es una ventaja real, pero también puede hacer que determinadas consecuencias de la elección solo se descubran cuando aparece una necesidad que la plataforma ya no puede resolver.
Con todo lo dicho, mi reflexión sobre este tema la doy ya por hecha. Ahora creo que le toca a la otra parte decidir si quiere seguir por esa vía. Estas herramientas tienen suficientes virtudes como para resultar atractivas por sí mismas, sin necesidad de añadirles una capa de humo.
Y quizá convenga recordar, sin que esto suene a ultimátum, que los profesionales no somos necesariamente la competencia. También somos habitualmente clientes, podemos recomendar estas herramientas cuando encajan o contar con estas empresas como proveedores para nuestros propios proyectos, que en ocasiones necesitan servicios mucho más complejos y completos. Si parte del sector acaba percibiendo que insisten en colocarnos al otro lado, puede que alguno que otro decida quedarse allí. Crear páginas web con estas herramientas no es, ni mucho menos, el mundo del desarrollo web. Hay vida más allá.
Referencias:
- Editores web: resumen de las opciones de exportación – Centro de ayuda de IONOS.
- Mover tu página principal a MyWebsite Now – Centro de ayuda de IONOS.






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