Mark Knopfler, adiós maestro

Mark Knopfler, hasta siempre maestro

30 de abril 2019

Me vais a permitir que en este artículo no hable de la temática habitual del blog, pero me veo en la necesidad de dedicar un rinconcito de este sitio al artista que sin lugar a duda más ha influido en mi a lo largo de los años.

Esta entrada la escribo con un cierto sabor amargo, al día siguiente de haber visto el último concierto de Mark Knopfler en Andalucía, y es que se retira de los escenarios tras una extensa trayectoria. Quizá es la necesidad de exteriorizar las sensaciones que tengo en este momento o bien simplemente es manera de homenajear su carrera a mi modo. Sea como fuere tengo la impresión de que no seré el único al que le esté pasando esto, así que sin más abro mi corazoncito y a ver dónde me lleva esto.

La música de Mark ha estado presente en mi vida desde que tengo uso de razón y no es una forma de hablar. Desde pequeño y como ocurre en muchos otros casos, el primer contacto que uno suele tener con la música es a través de los padre y hermanos. Este caso no fue una excepción ya que mi hermano, al cual consideraba un pesado, escuchaba cada dos por tres su vinilo de un grupo llamado Dire Straits. Para mi aquel cantante era terrible y esos solos de guitarra no tenían ningún significado. Con perspectiva, debo reconocer que los gustos musicales en mi casa eran muy dispares, por lo que siendo un niño me resultaba más sencillo identificarme con músicas más asequibles, que no por ello malas. Y puestos a examinar el pasado, estoy seguro que esto también contribuyó a que actualmente tenga gustos amplios.

Conforme me iba haciendo un poco más mayor, aquella música ya no me sonaba tan mal. Los temas más icónicos empezaban a calar lentamente, hasta que un día me vi a mi mismo sacando uno de esos vinilos para escucharlo. Es curioso, pero han pasado los años y sigo recordando perfectamente ese momento, anodino desde un punto de vista objetivo, pero que a nivel subjetivo marcó el primer punto de inflexión. Lo recuerdo no solo como el primer acercamiento consciente a la música de Mark Knopfler, sino como la primera piedra de mi madurez musical. También tengo que reconocer que igual de nítido tengo el momento en el que puse ‘Golden heart’, por aquel momento, su primer disco en solitario y que me dejó a cuadros porque no entendía a qué se debía tanta diferencia de estilo.

Lo que no sabía yo es que todas estas experiencias se estaban cociendo a fuego muy lento para que un día de pronto me viese en unos grandes almacenes comprando mi primer disco de Dire Straits. Curiosamente, pese a haber escuchado hasta aquel entonces el gran ‘Brothers in arms’ y ‘On every street’, me di cuenta que hacia atrás no conocía casi nada. Así que con la cabeza más amueblada musicalmente decidí comprar el primer LP que sacaron allá por 1978, titulado simplemente Dire Straits y cuyo diseño era muy sencillo. Sin duda este fue el segundo punto de inflexión, me topé con un álbum que sonaba mucho más simple a nivel instrumental. Cuatro componentes, dos guitarras, bajo y batería; muy diferente a lo que hasta ese momento conocía. Gracias a esto pude trazar una cronología de los discos y entender que había comenzado mi periplo musical por el final, con lo que había habido toda una evolución que era para mi desconocida.

Tras ese primer disco, seguí por orden y me hice con ‘Communiqué’. Lo percibí como una extensión del primero y prácticamente era terminar uno y poner el otro; de pronto el pesado había pasado a ser yo, jejeje. El paso siguiente fue hacerme con ‘Making Movies’ y ‘Love over gold’ de una sola tacada. Y estos cuatro discos estuvieron acompañándome en mi Discman durante todo el primer año de facultad. Pero sinceramente, pese a que se trataban de buenos discos que me encantaban, había algo que no me terminaba de encajar. De ‘Love over gold’ a ‘Brothers in arms’ no había ningún disco de estudio, solo un directo con temas anteriores, ¿cómo era posible que hubiera tanta diferencia en cuanto al concepto de grupo y composición de temas? Y después de agenciarme ese directo, todo encajó. Omitiré el ‘ExtendedanceEPlay’ ya que es un EP y además para cuando me estaba haciendo con la discografía ya se encontraba descatalogado, por lo que no había podido escuchar nada.

Directo entre los directos, posiblemente el tercer punto de inflexión para mi se produjo con ‘Alchemy’. Ya antes de abrir la caja supe que tenía entre manos algo muy interesante, ese diseño con esas ilustraciones extrañas, así como la inversión de mayúsculas y minúsculas en la tipografía. Cuando puse el primer disco me explotó la cabeza, al comienzo me encontré con un Once upon a time in the west que ahora duraba casi quince minutos, el tempo más alto, unos solos de guitarra alucinantes e instrumentos adicionales. Pero la gran sorpresa me la llevaría justo al final, con Sultans of swing, donde repetía estrategia ampliando la duración al doble y convirtiendo un temazo en una obra maestra. El resto del directo gozaba de la misma calidad y por primera vez fui consciente de que un LP de estudio y un concierto pueden ser dos entidades musicalmente diferente. El vídeo lo busqué y rebusqué, pero no se había editado aún en digital y no sería hasta años después que me hice con una edición en DVD. Así que tuve que conformarme con que mi hermano me prestara su VHS.

Justo después decidí completar la colección con los álbumes faltantes, a excepción de ‘Money for nothing’ que estaba también descatalogado y que curiosamente hace unos pocos años me regaló de sorpresa una amiga que vive en Londres.

Acabados los discos de Dire Straits me quedé con el gusanillo de más, pero sabía que la carrera en solitario de Mark Knopfler era muy diferente, así que no estaba muy motivado. Sin embargo con todo el bagaje musical previo, decidí darle una segunda oportunidad y hacerme con ‘Golden heart’, aquel primer disco. Sorpresa la mía cuando de pronto me encuentro con un álbum fantástico, muy diferente sí, pero fantástico. Aquellos sonidos de rock más pesados daban pasos a melodías más relajadas, con tintes celtas y sin perder los toques country de la última etapa anterior. Lo mejor es que sus solos seguían entando ahí, la guitarra seguía siendo protagonista y aunque más pausada, me transmitía las mismas emociones. Este era el siguiente punto de inflexión y que definitivamente me ha llevado a que esté ahora escribiendo este texto.

Volví de nuevo a la tienda de discos con la misma sensación que la primera vez, parecía que había descubierto de nuevo un grupo que me gustaba y me hice con lo que había editado hasta ese momento: ‘Sailing to Philadelphia’ y ‘The ragpicker’s dream’, sin duda este último fue el que más me costó aprender a valorar. Pero en 2005 salió ‘Shangri-La’, que hizo que mi interés se ampliase considerablemente y por mi cabeza empezó a pasar la idea de que quizá no sería mala idea ir a un concierto para verlo en directo. Así que empecé a tantear posibilidades, aunque sin mucho éxito. Entre que por mi ciudad no iba a pasar ni por asomo y que nadie de mi entorno se animaba a ir a verlo a otro sitio, perdí la ocasión. Dos años esperando nuevo disco y cada vez con una idea más clara: al siguiente voy aunque sea solo.

En 2007 se lanza ‘Kill to get crimson’ y me faltó tiempo para comprar las entradas. Para mi suerte, por primera vez, Mark Knopfler decide que su gira pase por Andalucía, más concretamente en Granada. De modo que ahí estábamos mi novia de por aquél entonces y yo el 5 de abril de 2008 en Atarfe. Nunca dejaré de agradecerle que se prestara de conejillo de indias para acompañarme. De este concierto salí con sentimientos muy extraños, lo reconozco. De un lado estaba contento porque era la primera vez que lo veía en directo, pero por otro lado no sé si es que en mi cabeza me había imaginado otra dinámica. Quizá parte de la culpa sea que las únicas referencias que tenía seguían siendo los conciertos de Dire Straits. Pero sin duda lo que más influyó fue el sonido, no me atrevería a decir que el peor que he escuchado, pero le anda cerca. No sé si aquello era culpa de los ingenieros de sonido, el equipo usado, la potencia o del recinto, que era una plaza de toros cubierta (puede que una combinación de todo). Años más tarde fui al mismo recinto a ver a Franz Ferdinand y aquello sonaba muy bien, así que me quedaré con la espinita de saber qué leches pasó. Aún así el balance fue positivo y eso sí, Marbletown y Hill farmer blues en directo no tenían nada que ver, simplemente geniales. Semanas más tarde pude hacerme con una grabación de audio del mismo, que sonaba a lata al no venir de la mesa de mezclas, lógicamente, pero que me permitió pese a eso oírlo mucho mejor, muy raro todo.

Al año siguiente saca ‘Get lucky’, cuyo single Border reiver me cautivó. No me pude resistir y en cuanto anunció la gira, ahí estaba sacando las entradas casi un año antes. Sorpresa la mía cuando veo que repite en Andalucía, pero esta vez en Córdoba dentro de su Festival de la Guitarra, aún más cerquita. Entre el anterior y este hubo muchos cambios en mi vida, nuevo trabajo, nueva pareja y nueva etapa en general. De modo que el 25 de julio de 2010 nos encontrábamos dentro de la plaza de toros a punto de sufrir una combustión espontánea. No recuerdo haber pasado más calor en un concierto, eso sí, nada más apagarse las luces dejé de sentir y padecer. Esta vez si puedo decir que fue un conciertazo y me lo pasé pipa. Recuerdo haber estado literalmente con la boca abierta en algunos momentos, más que nada porque mi novia me miraba y se reía. También le tengo que agradecer que me acompañara, un besi desde aquí. Unas semanas después, supe que los conciertos de la gira se estaban grabando desde la mesa de mezcla y se podían descargar o comprar en formato USB pasados unos días. Ahora sí, me pude hacer con la grabación que tenía una calidad excelente y que completaba toda la experiencia, permitiéndome acceder cada vez que yo quiera a esos momentos. Que la cobrasen como un disco nuevo ya es discutible, pero ese es otro tema.

Llegó el 2012, nuevo disco, ‘Privateering’. Se anuncia nueva gira y en esta ocasión toca Málaga. Para esta ocasión decido insistirle a mi hermano que tiene que venir y para sorpresa la mía, no se lo piensa mucho. Así que allí estábamos el 23 de julio de 2013, rumbo al concierto y cruzando los dedos por que el fenómeno caluroso de la vez anterior no se repitiera. Rutita por la capital para almorzar, siestecita para reponer fuerzas y emprendimos camino a La Malagueta, otra plaza de toros. Luces fuera y otro conciertazo. De nuevo vuelve a ocurrir, un tema que no me llamaba para nada la atención como es I dug up a diamond, consigue tocarme la fibra en el directo. Y sorpresa la mía, decide hacer una presentación de la banda mucho más dinámica siguiendo el ritmo de Postcards from Paraguay, haciendo que cada instrumento entre de manera secuencial tras la presentación del músico. Algo curioso que ocurrió tras finalizar es que creo que a mi hermano, que era la primera vez que lo veía en directo, le paso lo mismo que a mi en Atarfe. Me parece que ahí entendí que esa sensación extraña que tuve en su momento se trataba simplemente de haber estado expuesto a muchas emociones a la vez, que te impedían asimilar en ese momento parte de lo que acababas de ver. Por suerte, de nuevo se había realizado grabación y no tardó en pasar por nuestras manos.

Año 2015 se publica ‘Tracker’, anunciando nueva gira y empezamos mi hermano y yo a planificar que quizá en esta ocasión podríamos alejarnos e ir a Barcelona a verlo. Pero llega el bombazo, anuncian que habrá concierto en Sevilla, mi tierra. Emoción multiplicada, no sé en cuántas ocasiones se me había pasado por la cabeza que sería un lujo verlo por estos lares. Mi mejor amigo, al que durante sendos veranos había machacado con mis discos de Dire Straits, tenía el gusanillo más que alojado en su interior y esta vez no había excusa, se unía a la causa y decidía que nos acompañaría junto a su novia. Más tarde se uniría su hermano también con su amigos. Formado el escuadrón, el 25 de julio de 2016 decidimos vernos más tempranito para tomarnos unas cervecitas previas y aplacar la calor. A pocas horas, decidimos acercarnos ya al recinto, con una temperatura más asumible, que en esta ocasión por fin, no era una plaza de toros, sino el Estadio Olímpico. Luces fuera y otro concierto magnífico, sonido excelente. Especial mención a Laughs and jokes and drinks and smokes, con un comienzo tras un solo de batería genial. La grabación del concierto no tardó en caer, otra joyita más que tras escucharla me vuelve a transportar a ese momento. Con ganas de más, habría que esperar de nuevo al próximo disco.

Y el año pasado, 2018, se anuncia ‘Down the road wherever’ que rompe mis esquemas metiendo toques musicales bastante diferentes a los anteriores. Un single que en un momento determinado vira a funky, pero que deja claro que aún guarda ases en la manga. Por desgracia, en esta ocasión no nos dio tiempo siquiera a planificar el próximo concierto, cuando se produjo un gran revés en mi vida. Así, que hasta pocas semanas antes, no me vi con ganas de planificar nada. En esta ocasión fue mi hermano el que me arrastró para ir a ver el que sería nuestro último concierto de Mark Knopfler.

Lunes 29 de abril de 2019, sí lunes, alguien pensó que esto era buena idea. Mi hermano, mi sobrina, que se había enrolado con nosotros por primera vez ahora que es un poco más grande y yo, íbamos de camino a Córdoba de nuevo. Comentando qué nos depararía esta despedida, nos encajamos en las gradas esta vez y aguardamos pacientemente. Luces fuera y….. no, esto no puede ser, ¿¡otra vez el sonido!?. Los técnicos allí presentes parece que se percataron e hicieron lo que pudieron, pero lamentablemente aquello no sonaba bien. Pero lejos de indignarnos decidimos agudizar el oído y dejarnos llevar, que el último sentimiento no fuera de cabreo. De pronto se produce el momento, Once upon a time in the west vuelve al repertorio y todos nos estremecemos. No sé cuántos minutos duraría, pero los pelos de punta todo lo que duró. Una versión muy diferente a Alchemy, pero espectacular. El segundo hito, Postcards from Paraguay, llevando más allá el son latino y brindando un momento que me hizo sonreir toda la canción. La sorpresa llego tras una breve pausa, Money for nothing volvía por última vez. Luego el resto del repertorio a la manera habitual, terminando con Going home, un tema muy apropiado para una despedida.

Y así culminó el concierto, con una ovación que parecía no tener fin. La plaza completamente de pie para despedir al que fue, es y será, uno de los mejores músicos que ha habido. Sentimientos muy polarizados, alegría por haber podido disfrutar de su música acompañado de personas importantes para mí y tristeza por la despedida y por los que ya no están, que sin duda nos habrían acompañado. Una suerte poder atesorar todos estos recuerdos que me acompañarán siempre.

Esto no es más que un pequeño repaso a lo que ha supuesto para mí haber tenido contacto con la música de Mark Knopfler y sé que probablemente siga haciendo música, pero en este momento, lo percibo como el cierre de una etapa de mi vida. Así que no me queda más que darle las gracias a él y a todas las personas que por el camino han formado parte de todo este periplo musical. Hasta siempre, maestro.

Publicado por Jesús Tovar

Categorías: Música

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