Hay restaurantes con una cocina espectacular, un equipo que funciona como un reloj y una sala en la que apetece estar. Pero luego entras en su web y parece que te has colado en las Cuevas de Altamira. No lo digo como una crítica vacía porque además he visto cosas peores, lo digo porque cuando uno se encuentra con esta situación es una pena. La página web es muchas veces el primer contacto real con el cliente. Y cuando falla, no es que simplemente que tenga un efecto estético negativo, sino que directamente puede provocar que que se pierdan reservas.
Además, a un restaurante no le sirve una web que sea bonita sin más. Le sirve una web que haga su trabajo. Que a alguien que busca información se la de de manera adecuada o que si llega con prisas, desde el móvil y con hambre (esto es más importante de lo que parece) le ponga las cosas fáciles.
Por este motivo, como desarrollador web freelance que trabaja en ocasiones para restaurantes, he pensado que sería buena idea hacer un artículo que pueda servir de ayuda, desde un punto de vista profesional, a aquellos que buscan mejorar su página y por tanto su presencia en internet. Y es que un portal bien optimizado, ayuda a aumentar las reservas.
Vaya por delante que lo que es imprescindible para un restaurante es ofrecer un buen servicio, con esto tienes gran parte del trabajo hecho. El resto de consejos y recomendaciones que verás a continuación, lo que hace es sumar.
La web de un restaurante no es un escaparate
En muchos negocios la web funciona como tarjeta de presentación, es lo que habitualmente se conoce como webs corporativas. En ellas puedes ayudar al usuario a conocer qué haces y que tome meditadamente una decisión. Sin embargo en un restaurante el enfoque es un poco diferente, ya que funciona más como una señalización cuando vas por la carretera. El cliente mayoritario no suele entrar para investigar la historia del negocio (aunque no se deba descuidar este aspecto), entra para resolver una duda rápida y tomar una decisión.
En la práctica, lo que quiere la mayoría es algo muy concreto: saber si estáis abiertos, ver qué tipo de comida ofrecéis, comprobar precios orientativos, ver dónde estáis, reservar mesa o llamar. Si la web responde a eso en pocos segundos, el portal cumple con su cometido perfectamente. Pero si obliga a pensar demasiado, mal asunto.
Lo cierto es que la web de un restaurante no compite con otras webs, compite con la impaciencia del usuario. Si no lo tiene claro rápido, se va a Google Maps, Tripadvisor, Instagram, a cualquier plataforma de reserva o directamente, a otro sitio. Tiene un objetivo claro y quien no le ayude a decidir rápido, no existe.
Por eso la web no es un escaparate, es más como un asistente que le guía a través de su proceso de decisión. Y verlo de este modo ayuda a entender su función mejor, porque en este sentido se parece más a un jefe de sala que a un folleto a la entrada de un local.
El móvil es el dispositivo principal
Un gran porcentaje de visitas a una página web llegan desde el móvil. Esto ya no es una tendencia sino que es la norma, y en el caso de los restaurantes la tendencia se incrementa drásticamente. Aun así, muchas webs siguen diseñadas como si el cliente estuviera tranquilamente en casa, con tiempo y buena conexión.
En el móvil la realidad es otra: alguien caminando por la calle, mala cobertura, usando una pantalla pequeña y poco tiempo para decidir porque hay hambre. Por eso cuando una web tarda en cargar, la letra es pequeña o el botón de reservar está escondido, no estamos hablando de detalles técnicos, sino de insatisfacción asegurada. Imagina que en un día lluvioso, impides que un cliente entre en el local directamente y le dices que se espere un rato antes de atenderlo. Lo normal es que se de media vuelta y se vaya.
Cuando reviso una web de restaurante suelo hacer una prueba muy sencilla desde el móvil: entro y compruebo si puedo, sin esfuerzo, ver los horarios, consultar la carta, reservar o llamar y saber dónde está el local. Si eso fluye como es debido, probablemente haya margen de mejora, pero de entrada vamos bien. Si no, ahí suele haber un cuello de botella que es necesario resolver. A veces la solución pasa por realizar unos cuantos cambios y otra requiere un rediseño completo.
Simplemente ten en cuenta que no se trata de olvidarnos de la versión de escritorio de la web tampoco, sino que hay que tener en cuenta que cada dispositivo se usa de manera diferente. Aquí un diseño responsive coherente (que se adapte a diferentes formatos de pantalla) es prescindible.
Reservas visibles, claras y sin rodeos
La reserva es el objetivo principal de la web, así que la información debería verse de manera rápida y destacada. El acceso a reservar tiene que estar donde el usuario lo espera, sin esconderlo en menús secundarios ni obligarle a bajar media página.
Da igual si se usa un sistema propio, una plataforma externa o el teléfono de toda la vida. Lo importante es que el proceso sea corto y coherente con la web. Cuando el cliente hace clic en «Reservar» espera seguir dentro de una experiencia cuidada, no caer en una página externa lenta, mal adaptada al móvil o que pide demasiados pasos antes de elegir fecha y hora.
Un detalle que a vece se pasa por alto es que si muchas reservas llegan por llamada, el teléfono debería ser claramente tocable y visible. No es un recurso de segunda, es una vía directa de conversión.
La carta
Donde muchas webs se la juegan
La carta es uno de los momentos clave de cualquier restaurante. Ahí el cliente que no conoce ya el restaurante decide si le encaja el sitio o no. Y, sin embargo, es también uno de los puntos donde más fallos se repiten.
Durante años se ha abusado del PDF. No porque sea intrínsecamente malo, sino porque suele estar mal resuelto. Normalmente son archivos que pesan, se ve regular en móvil, obliga a hacer zoom y rara vez se actualiza con la frecuencia necesaria. Tampoco ayuda cuando la carta es una imagen bonita pero poco práctica, imposible de leer con comodidad.
Lo ideal suele ser una carta integrada en la propia web, pensada para que se vea bien en móvil, clara y fácil de mantener. No tiene por qué ser compleja, pero sí usable. Si además hay partes que cambian a menudo (menú del día, sugerencias, platos de temporada), conviene separarlas para poder actualizarlas sin complicaciones.
Este enfoque además te dará un plus de accesibilidad, ya que las personas que usen navegadores asistidos para ver la web, podrán acceder también a tu carta de manera coherente (cosa que con una imagen o un PDF presenta serios problemas).
Esto es algo que no es exclusivo de la web, se trata de cosas que tendrías en cuenta respecto a la carta dentro del propio restaurante. Imagina que un cliente llega a tu restaurante y cuando pide la carta le entregas un postit escrito a bolígrafo con letra de médico. O le obligas a que salga a la calle a leerla porque sola la tienes en la fachada.
Por eso, una carta bien estructurada no solo ayuda al cliente a mirar tu oferta cómodamente, también transmite orden y profesionalidad. Merece la pena tomar el tiempo necesario en este aspecto que poner una versión digital de la carta que llevaste a imprenta.
El QR: cuando la solución crea un nuevo problema
Desde el covid, los códigos QR se han vuelto habituales en los restaurantes. En su momento tenían todo el sentido del mundo, pero ahora el problema es que en muchos sitios se han quedado como un apaño permanente, sin revisar la experiencia que ofrecen.
Es muy común que el código apunte a un subdominio extraño, a una página sin diseño o, de nuevo, a un PDF poco legible. El cliente pasa de estar sentado, en un entorno cuidado, a pelearse con el móvil para entender qué va a comer. Y ahí la experiencia se rompe y a veces directamente generan frustración.
Además, hay un choque evidente: estás en un espacio físico, con una atmósfera concreta y de repente todo se reduce a una pantalla pequeña, fría y poco amable. Incluso aceptando el QR, lo mínimo es que funcione bien. Directamente durante unos minutos sacas mentalmente al cliente de tu restaurante.
Hay también otros inconvenientes que se suelen ignorar, porque no todo el mundo ve bien una carta en el móvil, dependes totalmente del dispositivo (batería, cobertura) y muchas veces el QR no tiene ninguna relación con la web principal del restaurante, perdiendo una oportunidad clara de coherencia y marca.
Eso no significa que el QR sea malo en sí. Puede funcionar muy bien si lleva a una página integrada en la web, rápida, clara y pensada específicamente para móvil. En ese caso, incluso puede convivir sin problema con la carta física. Quien quiera una experiencia más tradicional, la tiene; quien prefiera el móvil, también.
Más información es menos dudas y mejor servicio
Ya hemos visto que el acceso a las reservas debe estar visible de un primer vistazo cuando el cliente entra en la web, ahora es importante ver cómo se debe desarrollar ésta y otra información importante atendiendo a la intención del visitante. Horarios, ubicación, condiciones de reserva o detalles prácticos no son relleno sino preguntas que el cliente tiene antes de ir y que, si no se responden bien en la web, acaban resolviéndose a base de llamadas, interrupciones o malentendidos.
Un horario genérico suele generar más dudas que certezas. No basta con decir a qué hora abre el local, el cliente quiere saber si la cocina sigue abierta, si hay diferencias entre días, si existen turnos o si hay excepciones habituales. Cuando esa información no está clara, el cliente duda, llama o directamente descarta el sitio.
La ubicación funciona de forma parecida. Un mapa está bien, pero no siempre es suficiente. La dirección escrita, un enlace directo para abrir el navegador del móvil y alguna referencia práctica pueden ahorrar muchos minutos de confusión, sobre todo en zonas con accesos poco evidentes.
El teléfono sigue siendo una herramienta clave, pero conviene usarlo con cabeza. Si el número está visible, es tocable desde el móvil y se entiende para qué se utiliza, las llamadas suelen ser más útiles y menos repetitivas.
Algo parecido ocurre con las reservas. Cuanta más información se comunique antes, menos problemas aparecen después. Aclarar cómo funcionan los turnos, qué ocurre si alguien llega tarde o si se reservan mesas concretas, evita discusiones incómodas y ahorra tiempo tanto al cliente como al equipo.
Antes de dedicarme al desarrollo web trabajé como camarero en restaurantes, y sé de primera mano lo que supone responder una y otra vez a las mismas preguntas en mitad del servicio. La mayoría de esas interrupciones no tienen que ver con mala atención, sino con falta de información previa. Cuando la web hace bien su trabajo, esas dudas se resuelven antes de que el cliente llegue al restaurante. Y eso se nota muchísimo en sala, con un cliente más «educado», por decirlo de algún modo.
Fotos, un arma de doble filo
Las fotos son una parte importante de la experiencia, ayudan al cliente a imaginar el sitio, el ambiente y los platos antes de ir. Y aquí voy a ser claro: si hay presupuesto, lo ideal es contar con un profesional.
Una persona que sabe de fotografía gastronómica o de espacios entiende la luz, los encuadres y qué detalles funcionan mejor. Una buena foto profesional suele marcar la diferencia, no porque esté mejor hecha, sino porque transmite cuidado, coherencia y confianza. En muchos casos, esa inversión se amortiza sola, porque es parte directa de cómo se percibe el restaurante antes incluso de sentarse a la mesa.
Ahora bien, soy consciente de que esto no siempre es posible. Y ahí es donde conviene distinguir entre algo que no es perfecto y algo que directamente es descuidado.
Si no se puede contar con un profesional, hoy en día un móvil decente, buena luz natural y un mínimo de criterio permiten obtener fotos más que aceptables. No hace falta llenar la web de imágenes, suele funcionar mejor una selección pequeña, bien pensada, que enseñe lo esencial sin distraer.
Lo que conviene evitar es delegar las fotos sin ningún criterio o subir imágenes que resten más de lo que suman. Fotos oscuras, desenfocadas, mal encuadradas o sin relación con la experiencia real del restaurante transmiten una sensación de improvisación que acaba jugando en contra, aunque luego la cocina sea excelente.
En este punto, menos cantidad y más intención suele ser la mejor decisión. Unas pocas fotos cuidadas, bien optimizadas para que la web cargue rápido, aportan mucho más que una galería interminable que nadie termina de ver.
Rendimiento
Una web lenta es una web que pierde oportunidades. Especialmente en restauración, donde muchas visitas llegan desde el móvil y en momentos de decisión rápida. Si la página tarda en cargar, el usuario no espera: se va.
En muchos casos, el problema está en la propia web. Imágenes sin optimizar, animaciones innecesarias, exceso de plugins o un diseño poco pensado para móvil son causas habituales y bastante comunes. No suelen ser errores graves por separado, pero sí pequeñas decisiones mal resueltas que, acumuladas, afectan directamente al tiempo de carga y a la fluidez de la página.
El efecto de todo esto no siempre es evidente para quien gestiona el restaurante. En un ordenador y con buena conexión la web puede parecer que va bien, pero en un móvil, con cobertura irregular y prisas, la experiencia cambia por completo. Ahí es donde esos problemas se notan de verdad y donde muchos usuarios abandonan antes incluso de ver la carta o llegar a la reserva.
Pero no es el único factor. Hay otro del que se habla menos y que influye muchísimo: el proveedor de alojamiento.
Existen hostings que saturan sus servidores, meten demasiadas webs en la misma máquina y ofrecen un rendimiento pobre de forma constante. Cuando el restaurante detecta que la web va lenta, la respuesta suele ser que «el problema es de la web» o que «todo está funcionando correctamente» aunque la experiencia real diga lo contrario. Y como el propietario del restaurante no tiene por qué tener conocimientos técnicos, le resulta difícil discutir ese diagnóstico.
El resultado suele ser frustrante: la web sigue cargando mal, nadie asume responsabilidades y quien sale perdiendo es el restaurante, porque el cliente abandona antes de llegar a la carta o a la reserva.
Por eso conviene tener clara la idea de que la velocidad es el resultado de varios factores que se suman. Da igual lo bien optimizada que esté la web si el servidor responde lento, y tampoco sirve de mucho tener un buen hosting si la web está mal planteada.
Contar con una web cuidada y con un proveedor serio, que no sature sus sistemas y que dé soporte real cuando hay problemas, es clave para que todo lo demás funcione. Cuando uno de esos elementos falla, el impacto se nota enseguida.
Plataformas externas: complementarias
Plataformas de reservas, delivery o redes sociales pueden ser muy útiles, sobre todo para ganar visibilidad y captar nuevos clientes. Facilitan el acceso, reducen desinformación y en muchos casos, son una puerta de entrada para gente que todavía no conoce el restaurante.
El problema aparece cuando todo el peso del negocio recae sobre ellas ya que estas plataformas no son del restaurante. Tienen sus propias reglas, sus comisiones y sus prioridades. Pueden cambiar condiciones, modificar la visibilidad de un local o introducir nuevos costes de un día para otro, y el margen de reacción suele ser pequeño. No es algo excepcional, es parte de su modelo de negocio.
Cuando toda la estrategia depende de un tercero, se corre el riesgo de poner todos los huevos en una cesta que no es propia. Si esa cesta se mueve, se cae o cambia de precio, el restaurante lo nota inmediatamente.
Una web propia bien planteada no compite con estas plataformas, las complementa. Es el único espacio donde el restaurante tiene control total sobre la información, la experiencia y la relación con el cliente. Ahí no hay intermediarios ni comisiones, y cualquier mejora repercute directamente en el negocio.
Usar plataformas externas como apoyo tiene sentido. Usarlas como única base, no tanto. La web debería ser el punto central al que todo lo demás sume, no un simple enlace perdido entre perfiles y aplicaciones que no se controlan.
Diseño web para restaurantes
Cuando hablamos de diseño web para restaurantes (y de desarrollo web para restaurantes) no hablamos solo de estética, pero tampoco conviene restarle importancia. La imagen cuenta. Una web cuidada y coherente con el estilo del local transmite profesionalidad y genera una buena primera impresión.
Ahora bien, esa estética tiene que estar al servicio del uso real. Un buen diseño no es el que más impresiona, sino el que menos estorba. Tipografías legibles, contrastes claros, jerarquía visual bien pensada y llamadas a la acción evidentes suelen funcionar mejor que animaciones complejas o composiciones recargadas. El objetivo no es que el usuario admire la web, sino que encuentre rápido lo que busca y actúe.
A partir de ahí, el diseño va mucho más allá de lo visual. Tiene que ver con cómo se organiza la información, qué se muestra primero y qué queda en segundo plano. La mayoría de usuarios no va a distinguir una tipografía de otra, pero sí va a notar si algo resulta confuso o incómodo.
Por eso conviene huir de soluciones excesivamente creativas que obligan al usuario a estudiar cómo funciona la web. Menús poco claros o estructuras originales pueden quedar bien en un portfolio, pero suelen jugar en contra cuando alguien entra con prisas y desde el móvil.
Como diseñador web para restaurantes, mi enfoque en este tipo de proyectos suele ser muy práctico: simplificar, priorizar y diseñar pensando en el uso real. Cada restaurante es distinto y el diseño debería adaptarse al negocio, no al revés.
Si sientes que la web de tu restaurante está más como «cumplo y ya» que como una herramienta que realmente ayuda en el día a día, hay margen de mejora casi seguro. Y si quieres, podemos verlo con calma y decidir qué tocar y por dónde empezar, sin complicaciones innecesarias.






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