Qué es un desarrollador web y qué hace en la práctica

Qué es un desarrollador web y qué hace en la práctica

Después de años dedicándome a la creación de páginas web de manera profesional, hay conceptos básicos a los que vuelves de manera reiterada. No porque no los tengas claros, sino porque con el tiempo te das cuenta de que muchas dudas, tanto de clientes como incluso de otros profesionales, vienen precisamente de ahí.

El término desarrollador web se utiliza constantemente, pero no siempre está claro qué implica exactamente. Dependiendo de a quién le preguntes, puede referirse a un abanico realmente extenso de cosas, según su criterio personal. Yo mismo, con el tiempo, lo he ido matizando hasta llegar a una definición que considero bastante estable.

El problema reside en tratar de simplificar algo que en el fondo es complejo y, por qué no decirlo, desconocido. Lo cierto es que bajo esa etiqueta caben perfiles muy distintos, y esto tiende a generar expectativas muy diferentes si no se tiene muy claro.

Por eso, en este artículo quiero parar un momento y volver a lo básico. Me gustaría repasar qué es un desarrollador web, qué hace en el día a día y cómo encaja dentro de un proyecto web. Y a partir de aquí, iré profundizando en otros perfiles y roles que suelen aparecer en este tipo de proyectos, para poder tener una visión más completa de cómo encajan entre sí.

Creo sinceramente que entender bien este rol no solo es útil si te dedicas a esto, sino también si en algún momento necesitas contratar a un profesional y no tienes claro por dónde empezar.

Qué es un desarrollador web

Cuando hablamos de desarrollador web, nos referimos a un profesional que se encarga de crear, mantener o mejorar sitios y aplicaciones web dentro de lo que conocemos como desarrollo web en general. Esto puede hacerlo ya sea trabajando para una empresa, en un sentido más tradicional, o como freelance de modo independiente. Hasta aquí, la definición puede parecer sencilla, pero en la práctica es bastante más amplia de lo que parece.

Un desarrollador web no solo escribe código. También toma decisiones técnicas, plantea soluciones a problemas concretos y, en muchos casos, participa en cómo se estructura y funciona una web por dentro. Dependiendo del proyecto, su trabajo puede ir desde montar una página corporativa relativamente sencilla hasta desarrollar funcionalidades complejas en una tienda online o integrar distintos sistemas entre sí.

Si miramos atrás, al principio un mismo desarrollador solía encargarse de todo el proceso, porque las webs eran mucho más sencillas. Con el tiempo, y con la evolución de la propia web, han ido apareciendo nuevas técnicas, herramientas y especializaciones que han dado lugar a perfiles más concretos.

Actualmente podemos encontrarnos cuatro facetas principales diferenciadas dentro del desarrollo de una web como son el diseño, la maquetación, la programación y el mantenimiento posterior. Normalmente cada una contará con un perfil profesional diferente o varios, si bien esto no es siempre así y dependerá del tamaño de la empresa o la capacidad del profesional para llevar a cabo cada parte.

Más que pensar en una única definición cerrada, es más útil entender el concepto de desarrollador web como un perfil técnico que, en muchos casos, actúa como paraguas de distintos roles implicados en la creación y mantenimiento de un sitio.

Qué hace en la práctica

Más allá de la definición, la mejor forma de entender qué hace un desarrollador web es ver en qué se traduce su trabajo en el día a día. Y aquí es donde la cosa se vuelve menos teórica y más práctica.

Por un lado, puede encargarse de crear una web completa desde cero. Esto implica tomar decisiones sobre cómo se va a estructurar, qué tecnologías se van a utilizar, cómo se van a organizar los contenidos para que todo tenga sentido o dónde se alojará el proyecto.

Otras veces puede integrarse dentro de un equipo para encargarse de una parte concreta del proceso completo. Algo bastante habitual cuando se trabaja en estudios o agencias, donde los perfiles tienden a estar segmentados. Por ejemplo, un compañero te pasa el diseño, tú lo maquetas y otro se encarga de programarlo.

Pero no todo es empezar proyectos nuevos. Una parte importante del trabajo suele estar en mantener y mejorar webs que ya existen. Corregir errores, optimizar tiempos de carga, adaptar funcionalidades o simplemente hacer que algo que ya está hecho funcione mejor de lo que lo hacía antes.

De hecho, muchas veces el trabajo más delicado no es crear algo nuevo, sino entender lo que ya existe y hacerlo evolucionar sin romperlo.

También es habitual que tenga que integrar distintos sistemas. Por ejemplo, conectar una web con un CRM, un sistema de reservas o una tienda online. Aquí es donde muchas veces aparecen los problemas de verdad, porque no siempre todo encaja como debería y hay que buscar la forma de hacerlo funcionar.

Y luego está todo lo que no se ve a simple vista: planificar tiempo de trabajo, tomar decisiones técnicas, prever posibles problemas, elegir la mejor solución entre varias opciones o explicar al cliente por qué algo es mejor hacerlo de una manera y no de otra.

Para que lo tengas más claro, un profesional que realiza proyectos de manera integral suele parecerse más a una navaja suiza, mientras que un desarrollador especializado en un aspecto concreto se asemejaría más a un bisturí: menos versátil, pero mucho más preciso en su campo.

Tipos de desarrolladores

Como ya adelanté, el trabajo de un desarrollador web puede ser bastante amplio, y por este motivo no todos se dedican necesariamente a lo mismo. Conocer los tipos de desarrolladores web que existen, ayuda a entender mejor cómo se reparte el trabajo en un proyecto. Vamos a verlos de una manera muy pormenorizada.

De forma general, se suele hablar de tres grandes perfiles profesionales como son frontend, backend y full stack. Si bien tampoco tenemos que tomarlas como etiquetas rígidas, sí que van a ayudarnos a situar mejor en qué se centra cada uno.

El desarrollador frontend es el que se encarga de la parte visible de la web, es decir, lo que ve el usuario en el navegador. Hablamos de estructura, estilos, interacción y todo lo que tiene que ver con la experiencia directa.

Por otro lado, el desarrollador backend trabaja en la parte que no se ve, pero que hace que todo funcione por dentro. Aquí entran aspectos como la gestión de datos, la lógica de la aplicación o la conexión con servidores y bases de datos.

Y luego está el perfil full stack, que combina ambas partes. Es decir, alguien capaz de moverse tanto en frontend como en backend, con mayor o menor profundidad según el caso.

En la práctica, los límites entre estos perfiles no siempre están tan claros, y es bastante habitual que un mismo profesional toque varias áreas. Aun así, entender estas diferencias ayuda mucho a tener una visión más realista de cómo se organiza el trabajo en un proyecto web.

Llegados a este punto me gustaría aclarar una duda que surge de manera habitual: ¿dónde encaja el diseño dentro de todo esto?.

En sentido estricto, el diseño web no forma parte del desarrollo como tal, ya que responde a una disciplina distinta. Sin embargo, en la práctica, sobre todo en proyectos pequeños o en perfiles freelance, es bastante común que una misma persona asuma también esa parte, como puede ser mi caso.

Por eso, en algunos contextos, el término desarrollador web se utiliza de forma más amplia, como un perfil capaz de abarcar distintas fases del proceso, incluido el diseño. No tanto porque forme parte del desarrollo en sí, sino por una cuestión práctica de cómo se organizan muchos proyectos.

Más adelante profundizaré en cada uno de estos perfiles y en qué se diferencian realmente, porque ahí es donde empiezan a aparecer matices interesantes.

Diferencias entre desarrollador, programador, diseñador y maquetador

Una de las confusiones más habituales cuando se habla de desarrollo web es mezclar perfiles que, aunque están relacionados, no hacen exactamente lo mismo.

Es bastante común ver cómo se usan como sinónimos términos como desarrollador, programador, diseñador o maquetador web. Y aunque en algunos contextos pueden solaparse, en la práctica cada uno tiene su propio enfoque.

El diseñador web se centra en la parte visual y en la experiencia de usuario. Define cómo se va a ver la web mediante colores, tipografías, jerarquías, disposición de elementos… Es quien da forma a la interfaz antes de que exista como tal.

El maquetador web, por su parte, toma ese diseño y lo convierte en código, normalmente usando HTML y CSS. Su trabajo es trasladar lo visual a una estructura real que funcione en el navegador, cuidando aspectos como la adaptabilidad o el comportamiento responsive.

El programador web entra en juego cuando hace falta lógica más compleja. Aquí ya hablamos de funcionalidades como formularios que envían datos, sistemas de gestión, integraciones, procesos automatizados, etc. Es quien se encarga de que la web sea dinámica, en un sentido de interacción y conectividad.

Y el desarrollador web, en muchos casos, engloba varias de estas funciones. Dependiendo del proyecto y del perfil del profesional, puede abarcar desde la maquetación hasta la programación, e incluso aspectos de diseño.

Cuándo necesitas un desarrollador web

No siempre es fácil saber cuándo ha llegado el momento de contar con un desarrollador web, pero normalmente el momento llega cuando algo realmente se te escapa de las manos. Muchas veces se intenta estirar una solución existente o tirar de herramientas que prometen hacerlo todo… hasta que dejan de hacerlo.

Un caso bastante habitual es el de quien empieza con una web sencilla (como puede ser una plantilla, un constructor visual o incluso algo hecho por su cuenta) y con el tiempo empieza a necesitar más: funcionalidades específicas, integraciones, mejoras de rendimiento o simplemente que todo funcione de forma más fiable.

También ocurre cuando el proyecto ya existe, pero empieza a dar problemas. Cosas que fallan sin motivo aparente, errores tras actualizar plugins, tiempos de carga que empeoran o páginas que directamente no funcionan. En ese punto, más que seguir parcheando, suele tener sentido parar y revisar bien la base. Aquí es donde contar con un desarrollador web freelance con experiencia puede marcar la diferencia, analizando el proyecto con perspectiva y planteando una solución sólida desde el principio.

Otra situación muy común es cuando la web empieza a tener un impacto real en el negocio. Porque inicialmente se creó simplemente para estar en internet y ahora quiere usarse para captar clientes, gestionar pedidos o automatizar procesos. Ahí es donde el desarrollo deja de ser algo accesorio y pasa a ser una pieza clave.

Y por último, está el caso de quien quiere hacer algo que simplemente no encaja en soluciones estándar. Un desarrollo a medida, una integración concreta o una funcionalidad poco habitual. En ese terreno, contar con alguien que entienda cómo construirlo desde cero marca la diferencia.

En el fondo, más que una cuestión técnica, suele ser una cuestión de contexto y necesidades. Cuando la web empieza a quedarse pequeña para lo que necesitas, probablemente ha llegado el momento de dar un paso más.

Qué tener en cuenta al contratar un desarrollador web

A la hora de contratar un desarrollador web, es fácil quedarse solo con lo más visible, como puede ser el precio o el resultado final. Pero hay otros factores que, con el tiempo, suelen ser más importantes.

Uno de ellos es la experiencia real. No solo saber programar, sino haber pasado por proyectos distintos, haber tenido que resolver problemas y haber aprendido a anticiparse a ellos. Eso no siempre se ve en un portfolio, pero se nota en cómo se plantean las soluciones.

También es importante la comunicación. Que alguien entienda lo que necesitas (aunque no lo expliques con términos técnicos) y sea capaz de traducirlo a algo concreto. Muchas veces los problemas en un proyecto web no vienen por la dificultad técnica, sino por malentendidos.

Otro punto clave es el enfoque. No es lo mismo desarrollar una web pensando solo en que funcione, que hacerlo teniendo en cuenta el objetivo que hay detrás: captar clientes, vender productos, mejorar procesos o directamente escalar. Cuando se entiende el contexto, las decisiones cambian.

Pero también está el mantenimiento, porque a veces una web no termina cuando se publica. Con el tiempo suele ser necesario realizar actualizaciones que se salen de lo normal, pequeños ajustes o directamente cambios de diseño, posibles errores y en fin, cualquier cosas que a posteriori se pueda necesitar.

Contar con alguien que pueda acompañar después del desarrollo suele evitar muchos quebraderos de cabeza. Y ojo, que no me refiero necesariamente a un soporte mensual a la manera tradicional. A veces con saber que el profesional tiene trayectoria y no va a desaparecer cuando lo necesites, es ya un alivio.

Resumiendo, más allá de la parte técnica, lo que se debe intentar es trabajar con alguien que entienda el proyecto como algo propio (en el sentido profesional) y no solo como una tarea puntual. Porque desarrollar una web no es solo escribir código o montar páginas. Es entender qué hay detrás, quién lo necesita y tomar decisiones para construir algo que realmente tenga sentido en su contexto.

Jesús Tovar - Desarrollador web freelance Sevilla

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